miércoles, 24 de febrero de 2016

EL TRATO

Esta sed me está matando, aprovecho que se acerca una enfermera e intento hablarle para pedirle agua, ¿no se dan cuenta que llevo días sin beber ni comer? ¡Qué poca humanidad! Pero hoy es mi día de suerte, la enfermera se da cuenta que quiero decir algo y se acerca, levanta la mascarilla unos pocos centímetros de mí y apenas con un hilo de voz digo "aaa", "aa" (no me sale la palabra, ¿será posible?), ella se acerca un poco más a mí  "no te entiendo" y de repente me sale la voz desde lo más profundo de mí haciendo el máximo esfuerzo para que me entienda "aua" ,"AAUUAAA!" Oh sí, ¡¡me ha entendido!! pero dice que no sabe si me puede dar agua y se va a consultarlo con su compañera.

 Al cabo de unos minutos que se me hacen eternos vuelve y me dice que me va a "mojar los labios", saca una especie de pequeño recipiente con jeringuilla de un armario y dice que no lo tengo que tragar, que es sólo para aliviar la sequedad. Aaaah Dios, por fin saciaré un poco mi sed. Se acerca a mí y dirige la punta de la jeringuilla hacia mis labios, yo abro la boca para recibir mi tan ansiada agua y cae un chorrito muy pequeño dentro, consigo tragar algo pero necesito más, mucho más. Le vuelvo a pedir más agua pero dice que no me puede dar más, entonces le suplico pero no hay manera y me doy por vencida, termino con un "Acias, acias" (gracias), siento que le debo la vida. Esto se va a ir repitiendo a lo largo de unos días, a veces consigo el agua, otras no, pero aprovecho cada oportunidad que tengo para pedir, hasta que un día una de las enfermeras echa bronca a las demás diciéndoles que el doctor ha prohibido tajantemente que me den agua, y se me acabó el chollo.


Hace horas que ha amanecido y me despiertan dos enfermeras que no había visto antes. Una de ellas se llama Cristina y se muestra muy cariñosa conmigo, es alta y delgada, con melena larga, lisa y castaña tirando a rojiza, sus ojos son entre verde y gris y va vestida con uniforme azul, me cae bien desde el primer momento y además me recuerda mucho a mi amiga Aïda, es campechana y cercana como ella. Me dice que tiene un plan para que mi familia se ponga contenta cuando me vea y me ofrece un trato:

- Yo te voy a lavar el pelo y a peinar, te haré una coleta bien bonita, te arreglaré la bata, te pondré una máscara de oxígeno muy floja y más pequeña para que puedas hablar con ellos durante un rato y puedan verte mejor y haré que tu cama se convierta en un sillón, así cuando entre tu familia y tu marido se van a alegrar mucho de verte sentada y peinada porque te verán mejor aspecto y podrán irse contentos a casa- ¡Ostras qué bien, me parece estupenda la idea!- Pero... cuando se vayan, tendrás que estar con aquella máscara fuerte otra vez durante algunas horas.- ¡Oh no! ¿Porqué?¡otra vez no!- Dime si aceptas o no, pero si aceptas le harás mucho bien a tu familia que están muy preocupados por ti, se irán a casa mucho mejor y les aliviarás su sufrimiento, ya lo verás qué contentos se ponen cuando te vean.

Acepto, acepto sin pensar porque tiene toda la razón y asiento dándole mi conformidad, entonces ella empieza manos a la obra con la ayuda de su compañera, están todo el rato de cachondeo entre ellas y me hacen reír, me siento cómoda. Cuando terminan de asearme, la cama se empieza a mover convirtiéndose en una especie de sillón, estoy sentada y veo que hay unas flores muy coloridas y alegres envueltas en papel naranja en la habitación "Has visto qué bonitas? No sé quién te las ha mandado pero ya me gustaría a mí que me mandaran un ramo de flores como este" dice Cristina. Siento curiosidad, ¿quién habrá sido?

Cristina me hace una coleta lo mejor que puede, me pone una máscara de oxígeno súper ligera que me alivia muchísimo "Con esto no podrás aguantar mucho pero sí lo suficiente para el rato que te vean". Una vez lista, me dejan sola en la habitación y me convierto en un manojo de nervios, quiero que me vean bien ante todo y estoy deseando que entren ya por la puerta.

Y así es, entran Ilker y mi padre y cuando me ven la expresión de sus caras cambian radicalmente. Es un instante de felicidad que no tiene precio, ver cómo sus caras tristes se transforman dando lugar primero a la sorpresa y luego a la alegría. Se emocionan los dos y yo también "¡Ostras Mireiaaaa! Qué bien estás y qué guapa te han puesto!" dice mi padre "Mira Ilker, ¡le han cambiado la máscara de oxígeno! ¡Pero si esto que lleva ya no es nada! Es muy buena señal". Ilker está intentando no llorar, lleva el mismo polo a rayas y barba de varios días, su sonrisa es infinita "Mi amor, pero qué bien estás y qué guapa!" Se acerca, aparta un poco la máscara y me besa en los labios que tengo resecos como escamas, pero por un instante siento su calor.

Intento hablarles pero no me salen las palabras, no tengo voz y me siento impotente porque necesito preguntarles muchas cosas; ¿Estoy embarazada? ¿Cómo ocurrió el accidente? ¿Fue culpa mía? ¿Porqué no te cambias de ropa amor? ¿Qué me pasa en el brazo y porqué me trastean la barriga cada día? ¿Porqué no me puedo ir ya a casa?...

Me resigno a no poder hablar y dejo que hablen ellos, miran las flores y leen la tarjeta, dicen que es de un tal Saurina, director territorial de Cataluña del banco en el que trabajo ¡qué fuerte! !Es el jefazo y se ha acordado de mí! Agradezco el detalle para mis adentros y me hace sentir importante. 

Al cabo de un rato empiezan a despedirse pero no quiero que se vayan, quiero quedarme así sentada con ellos, no soporto la idea que me pongan otra vez la horrible pero milagrosa máscara aunque siento que me va faltando el aire cada minuto un poquito más. Empiezo a temblar y el miedo se apodera de mí, clavo mi mirada en los ojos de Ilker suplicándole que no se vaya y él nota algo raro. Se va acercando a mí hasta que nuestros ojos están a menos de 10cm de distancia. "¿Estás bien?" asiento, no le quiero preocupar "No sé, te veo asustada. ¿O estás enfadada conmigo por algo?" niego rotundamente girando la cabeza de un lado a otro pero no puedo dejar de mirarle fijamente, estoy muy asustada por lo que me espera ahora.  "Bueno, nos tenemos que ir, pero que sepas que si hay cualquier problema estoy muy cerca de ti, vale? Estaré en el coche y de allí no me voy a mover- señala con el dedo dirección a la ventana-  no tengas miedo, te quiero". Aparta levemente la máscara y de nuevo me besa en los labios. Los dos desaparecen por la puerta y empiezo a llorar sin control, ¡Qué vida tan injusta!



Nota: Ilker estuvo por lo menos 13 días sin ir a casa a dormir, durante esos días sólo fue para darse alguna ducha y cambiarse de ropa arrastrado por mi primo Ismael, que también le obligó a cortarse el pelo y afeitarse para que cuando yo despertara "no me dieran ganas de cerrar los ojos otra vez". No se movió del hospital y dormía en el coche, a veces una recepcionista del hospital le dejaba una pequeña habitación de "comunicar noticias a los familiares" que siempre estaba vacía para que pudiese comer o descansar. Apenas comía e iba picando de la comida que le iban trayendo sus compañeros/as de trabajo en tuppers, que alguna vez le llevaban a comer fuera también o se mantenía a base de bocadillos. Menos mal que eran muy pocos los ratos que estaba solo, siempre había alguien con él; o mi familia, sus compañeros de trabajo, nuestros amigos o mis compañeros de trabajo. A parte de esto también estaba entretenido con el teléfono dado que durante todo el día no paraban de llamarle y mandarle whatsaps. Creo que gracias al apoyo tan grande e inesperado que recibimos de tantas personas evitaron que se volviese loco, aunque yo no me daba cuenta de nada, sólo que no se cambiaba de ropa.

miércoles, 17 de febrero de 2016

EL DESPERTAR

Es de noche y creo que bastante tarde, la habitación está en penumbra y yo estoy medio despierta pensando en mis cosas. Sigo con el tubo en la boca y la terrible máscara en la que confío para que me ayude a salir de ésta.

De repente, me entran ganas de toser pero no tengo fuerza para hacerlo, tengo algo que me molesta en la garganta y necesito expulsarlo. Intento forzar una vez más y noto como ha salido algo. Se despega un poco la máscara de oxígeno de mi piel debido a mi débil tos y sale aire hacia afuera. Viene una enfermera para ver qué ocurre y le dice a otra que he expulsado algo, se lo mira con atención intentando averiguar lo que es. Sea lo que sea la noto sorprendida y creo que es una buena señal. Al cabo de unos minutos me vuelve a suceder lo mismo pero esta vez creo que logro toser más fuerte y vuelvo a expulsar algo, se repite la misma escena y después me quedo dormida.


Me despierto de golpe. Se ha hecho de día y por primera vez desde el accidente veo claramente la habitación iluminada por la luz del sol. Estoy atontada y me doy cuenta que llevo una bata blanca y que me han incorporado en la cama, estoy medio sentada/medio tumbada y delante mío veo un grupo de cinco o seis personas con batas blancas mirándome. El doctor de ojos azules está hablando con ellos, todos son jóvenes y algunos llevan bolígrafo y carpeta. Les está explicando algo de mí y todos le escuchan atentamente en silencio. Alcanzo a entender que gracias a su método innovador no me han tenido que operar y que he mejorado mucho, tanto que hoy me van a quitar el tubo de la boca. ¿Será verdad?

El doctor de ojos azules se dirige a mí, está contento y sonriente, me atrevo a decir orgulloso también. Ante la mirada atenta del grupito se acerca mucho a mí y empieza a hablarme con tono alto y pausado. Me dice que hoy es un gran día, que su método ha funcionado y he mejorado, y por este motivo me va a quitar el tubo de la boca y también algo que tengo metido dentro de la nariz pero no me había dado cuenta. Le dice a sus oyentes que soy el claro ejemplo de que su idea ha funcionado (no sé a qué se refiere) y sus manos se dirigen a mi rostro. Dice que tiene que ser todo muy rápido y le pide a una chica que se acerque a ayudarle para que me quede sin máscara de oxígeno el menor tiempo posible. Se sitúan uno a cada lado de mi cama, me dice el doctor que no debo tener miedo, que será todo muy rápido y que a partir de ahora estaré más cómoda. La verdad es que no sé qué me van a hacer y siento miedo de verdad, pero le veo muy seguro y no me queda otro remedio que dejarme hacer. Los dos levantan la máscara de oxígeno a la vez, ella la sujeta en el aire (noto que me tira porque lleva una goma sujeta por detrás de mi cabeza) y seguidamente él introduce los dedos en mi boca. En milésimas de segundo pega un tirón y noto cómo sale el tubo, que al parecer llegaba más adentro de lo que me pensaba. Me quedo rígida de la impresión y consigo abrir bien los ojos por primera vez, todos me miran contentos y empiezan a aplaudir, me siento como un mono de feria. Me colocan la máscara de nuevo y... Vaya!! Tengo los dientes!! Mi boca está completamente seca pero con la lengua voy repasando toda la dentadura,  diente por diente y no me falta ninguno! Qué alivio por Dios! Ya no tendré que ir al dentista. Ahora daría lo que fuera por un vaso de agua! Estoy sedienta.

A continuación me vuelven a levantar la máscara y poco a poco empieza a tirar de algo que tengo dentro de la nariz. Uf! Qué desagradable!!! Saca como una especie de cable blanco que tiene restos de sangre, qué asco! Y todos ahí mirando! Dice que ya sabe que es desagradable pero que le voy a agradecer que me quite eso.

Cuando termina me quitan esa máscara que se ha convertido en mi pesadilla pero a la vez en mi salvación y me ponen otra sensiblemente más pequeña y con menos ruido, oh! esto sí que lo agradezco! Todos vuelven a aplaudir y por primera vez puedo sonreír, el doctor me dice que en un rato vendrán a verme mis familiares, que no tengo que hablar y sobretodo intente respirar lo mejor que pueda, haciendo ejercicios de respiración profunda. 

Así que ya estoy despierta!! Estoy muy impaciente para verlos a todos! Quiero decirles tantas cosas! Me siento alegre por dentro, la máscara de oxígeno y Dios han escuchado mis oraciones y me he salvado de la operación.

 No tardo mucho en quedarme dormida.


Nota: una media hora antes del accidente, sobre las 07:30 de la mañana y como todos los días de lunes a viernes antes de ir a trabajar me había comido un bol de cereales con leche (y un poco de colacao). Resultó que no sé si fue en el mismo accidente o en el momento de entubarme hubo restos de comida que se fueron hacia los pulmones, y en principio eso es lo que expulsé al cabo de unos días. El día que me despertaron ya me encontraba en la UCI y fue el 29-8-14, 11 días después del accidente.

lunes, 1 de febrero de 2016

BATALLANDO CON ESTAS PINTAS

Estoy nerviosa y a la expectativa, se ha hecho de día hace rato y el doctor de ojos azules no ha venido. Tengo mucha preocupación por la operación pero como casi siempre, nadie dice nada, no puedo imaginar un tubo artificial que me ayude a respirar, ¿habré oído bien?

Tengo una sed horrible desde hace días, mi boca está completamente seca, sigo sin poder tocarme los dientes (no sé si los tengo)  y mi lengua es como un cartón. Quizás han venido mientras dormía y no me he enterado, o quizás siguen esperando que yo mejore pero como no siento nada no sé si estoy mejor, igual o peor.  El pánico invade mi alma porque no sé lo que van a hacer conmigo y aún así, cedo por enésima vez a la presión de mis párpados.


No sé cuánto tiempo ha pasado, intento abrir los ojos pero me siento débil, apenas tengo fuerza para mantenerme despierta pero hay alguien ahí que me está hablando y quiero saber quién es. Fuerzo los párpados y lucho contra su presión para poder observar a la persona que se asoma a mi rostro. Me doy cuenta que llevo una máscara de oxígeno aún más potente que antes y no me permite gesticular, encima veo doble. Es Ilker, le veo con la misma ropa y me dice animado"hoy tienes una sorpresa, mira quién te ha venido a ver!".

Fijo la vista lo máximo que puedo y a pesar que la veo duplicada consigo ver quién es... es mi amiga Mercè! ¿Qué hace aquí? Pobrecita vaya susto debe llevar en el cuerpo al verme en ese estado! Debo de estar fatal con esos tubos en la boca y esa máscara tan horrenda que me cubre casi toda la cara, y a saber cómo tengo el pelo... Ha sido muy atrevida de venir a verme, teniendo en cuenta que es una persona muy sensible me quedo gratamente sorprendida que haya tenido la valentía de venir a verme así. Tengo muchas ganas de llorar al verla pero me aguanto, sus palabras son realmente tiernas y llenas de amor, no sabe cuánto le agradezco que me hable con esa dulzura, me hace sentir muy querida y me reconforta, me habla con el mismo tono y cariño que mi prima Silvia. Creo que ella también tiene ganas de llorar porque le tiembla un poco la voz pero logra mantenerse, me dice que me quiere mucho, que estoy muy guapa y que me recuperaré porque soy muy fuerte, me lo repite varias veces, me siento como si fuese un bebé en una incubadora. Noto que me mira con mucha atención, no pierde detalle pero no logro mantener la vista mucho tiempo porque me cuesta muchísimo, además la habitación está otra vez llena de humo. Dice que tengo que descansar y su visita es corta. Cuando se va me siento alegre y bendecida por tener personas como ella a mi lado en estos momentos, y pensando en ella me duermo otra vez.


¿Qué me han puesto? Madre mía, llevo una máscara que parece una ventosa! Me obliga a respirar muy profundo, cada vez que inspiro lo tengo que hacer fuerte porque entra mucho aire. Si no lo hago así se despega un trozo de máscara/ventosa de mi cara y el aire sale fuera, entonces viene una enfermera a ajustármela. Espero que sea poco rato pero van pasando las horas y me dejan con eso puesto. Hace mucho ruido y no puedo dormir...

Y así me paso por lo menos dos días y dos noches. No puedo ni ver el reloj y las enfermeras me vigilan constantemente. Esto no hay quien lo aguante. Además siguen viniendo a las tantas de la noche a lavarme y me pongo de mal genio, he visto a un chico joven en una ocasión y he oído a un hombre de unos 50 años en otra, me muero de la vergüenza que me tengan que ver así, que vean mis partes íntimas y me las laven porque me he hecho encima mis necesidades...encima voy sin depilar porque ya han pasado varios días, tierra trágame!... 

En la primera vez que oigo al hombre de unos 50 años, éste me dobla la pierna izquierda para darme media vuelta y veo las estrellas, me ha hecho tanto daño que automáticamente se me caen un par de lágrimas por el dolor, debo de tener alguna lesión ahí pero parece que no se han dado cuenta. Quiero gritar para que pare porque me ha hecho mucho daño, pero no puedo...Menos mal que sólo ha sido una vez.

Van pasando los días y cada vez que despierto tengo una máscara de éstas tan fuertes, a veces la cambian por otra un poco más suave pero sigue siendo bastante fuerte.Estoy en una cama que a ratos se va moviendo sola. Caigo en la cuenta que finalmente no me han operado, quizás mis rezos han servido de algo y quiero pensar que están intentando curarme con esas máscaras mortales que no me dejan descansar. Me da la sensación que me han cambiado de habitación y cada vez son más los ratos que estoy despierta por culpa de las máscaras. A veces veo una enfermera de pelo rizado oscuro, con gafas y tez blanca a mi lado que me sujeta y me habla para darme fuerzas, dice que tengo que conseguir respirar bien y me vigila muchísimo. Me molesta un poco su olor corporal y la tengo pegada a mí, me siento incómoda y me entran ganas de estornudar pero no me sale.

Así que decido seguir haciendo caso a mi padre "haz todo lo que te digan los médicos y las enfermeras y te pondrás bien", me pongo muy seria conmigo misma y tomo conciencia que mi objetivo ahora mismo es ganar la batalla a las máscaras de oxígeno. Me concentro en cada respiración, a veces aspiro lo más fuerte que puedo para que entre el máximo posible de oxígeno, quiero ganar esta batalla y voy a hacer todo lo posible por lograrlo.


Nota- Finalmente no me operaron de los pulmones. Efectivamente en la rodilla izquierda también recibí un golpe en el accidente que derivó en un edema óseo y una fractura de arrancamiento tibial, no se dieron cuenta durante el mes que estuve ingresada en Bellvitge y a pesar que les pedí una radiografía, no me vieron nada. Fue después a través de mi mutua de trabajo Fremap y una resonancia magnética donde me vieron la lesión, por la cual ahora mismo estoy en tratamiento.

miércoles, 27 de enero de 2016

REZANDO EN SOLEDAD

Es de noche y algo ocurre.

Viene un doctor muy joven, debe de tener mi edad más o menos o como mucho treinta y pocos años, es bajito pero muy guapo, tiene los ojos azules y una mirada limpia y clara, lleva el pelo corto castaño claro y tiene un poco de barba, huele muy bien. Habla en catalán (mi idioma materno) y parece preocupado, ha venido a verme varias veces y no para de hablar con las enfermeras o con otros médicos, no alcanzo a ver.

Se discute con otro hombre que no sé quién es, y consigo oír que uno me quiere operar y el otro no está de acuerdo. ¿Operarme? ¿De qué? Sé que algo va mal pero no me dicen nada, intento agudizar el oído pero no hay manera, unos minutos después alcanzo a oír que piensan en ponerme un tubo en los pulmones para poder respirar bien y la operación tiene bastante riesgo. Se discuten un buen rato, incluso se oye algún grito y oigo que uno le dice al otro "vete a la mierda!", estoy alucinando, nunca había oído discutir a dos doctores.

Miro el reloj que está en su sitio y marca las once de la noche, hace un rato que se han ido los dos, y entonces entra de nuevo el doctor de ojos azules. Me cambia la máscara de oxígeno por otra diferente que me obliga a permanecer todo el rato boca arriba en la misma posición, y entonces me dice en catalán:

- Mireia te lo tengo que decir, estás grave. Esta mascarilla que te he puesto es mi última esperanza para no tener que operarte. Te la voy a dejar puesta toda la noche, intenta respirar lo mejor que puedas, lo más hondo que llegues, pues es tu última oportunidad, depende de ti. Yo me tengo que ir a descansar un rato pero volveré a las seis de la mañana, ¿lo has entendido?- yo asiento pero no sé si me he movido, estoy muy asustada- tienes que estar toda la noche boca arriba, es muy importante que respires bien y no la sueltes, vale? Venga ánimo, que eres una campeona- me ajusta la mascarilla y se va. La habitación se queda en penumbra y estoy sola.

Dios mío, me van a operar, esto sí que no, un tubo en los pulmones? No me lo puedo ni imaginar. Jamás en mi vida he pasado por un quirófano, ni tan sólo me he hecho nunca un esguince y siempre me he creído afortunada de no haber tenido que pasar por eso porque me da un pánico terrible, soy muy aprensiva. Oh no, por favor, esto sí que no. Miro la mascarilla que me tapa buena parte de la cara pero no consigo verla bien porque veo doble. ¿Qué voy a hacer? Me concentro, tengo que hacer algo y se me ocurre que voy a rezar, es lo único que puedo hacer. Nunca he sido de rezar las oraciones que me enseñaron en la catequesis, he rezado pocas veces en mi vida y de una manera bastante particular. Creo en Dios pero no tal y como lo conciben las diversas religiones que más se practican en el mundo. Así que mantengo mi mirada fija en la mascarilla a pesar de que la veo duplicada, y dentro de mí empieza a surgir una canción. Una canción sencilla, para tranquilizarme a mí misma y auto-convencerme de que todo irá bien, me canto a mí misma en catalán,como si fuese una niña pequeña, pues así me siento en estos momentos. Vamos allá:

"Esta masca-rit-a es muy bo-ni-ta y me va a salvar la vida, verdad que sí? Yo confío en esta masca-ri-ta, que me va a poner bue-ni-ta (...)" repito varias veces hasta que empiezan a fluir las lágrimas como cascadas, resbalando por mis mejillas y por la sien, no puedo frenarlas porque me siento tremendamente desconsolada y al amparo de mi Dios particular, ahora esto es entre Él y yo porque los médicos no pueden hacer nada. 

No puedo seguir cantando, me viene otra vez mi madre a la mente y tengo una mezcla de sentimientos de culpabilidad, tristeza y desesperanza total, todo a la vez. "No Mireia no, no te dejes caer, no te hundas ahora, venga sigue cantando y deja de llorar que así no conseguirás nada." "Dios por favor ayúdame, no quiero que me operen, ayuda a la mascarilla a hacer bien su trabajo, te prometo que estoy haciendo todo lo que me dicen los doctores para ponerme bien siguiendo a rajatabla las palabras de mi padre, por favor no permitas que sufra más..."

Vuelvo a cantar y veo pasar las horas en el reloj aunque a veces me cuesta porque también lo veo difuso. Poco a poco dejo de llorar y empiezo a confiar, me entrego completamente a mi Dios particular y me convenzo de que todo irá bien, sigo cantando hasta que me quedo dormida.


Nota- Después de las graves operaciones a las que fui sometida (aunque yo en esos momentos aún no lo sabía) cogí una infección en los pulmones muy grave, los médicos dijeron a mi familia que si salía de ésta, posiblemente podía perder hasta un 20% de capacidad pulmonar...




lunes, 18 de enero de 2016

EL EFECTO DE LAS DROGAS

Maldito reloj! Ya empieza otra vez... Han desaparecido los números y las rayas, está cambiando de forma haciéndose más grande y empieza a teñirse de un negro muy fuerte. 

Después de volverse completamente negro, el reloj se funde con la pared y la mancha empieza a extenderse, se va poniendo toda la pared negra y poco a poco, al paso de cada respiración se va acercando a mí.. Oh no! Me va a aplastar! ¿Qué puedo hacer? Se me pone un nudo en la garganta y cuando veo la pared a pocos centímetros de mí decido cerrar los ojos con fuerza. Por favor, que pase pronto, esto tiene que ser una pesadilla, no puede ser real!

No sé cuánto tiempo ha pasado pero decido abrir los ojos poco a poco, y observo que todo ha vuelto a su lugar; la pared es de color claro y el reloj está en su sitio, marcando la hora que no alcanzo a ver con exactitud porque mi visión es un poco borrosa. Uf! Qué alivio! Qué mal rato he pasado! Menos mal que ya ha pasado todo!


Entonces se despliega ante mí un menú virtual enorme tipo holograma con diferentes aplicaciones, es como el menú de aplicaciones de mi iPad pero en gigante y más colorido, ocupa todo mi campo visual. Hay aplicaciones de revistas, de juegos, de música, de periódicos, etc. Hay que ver lo bien que lo hacen las enfermeras para tener a los pacientes entretenidos! Cuanta tecnología! Estoy un buen rato divertida con esto, toqueteando y cotilleando las diferentes opciones que hay.


Ostras! Me acabo de acordar de algo! No recuerdo nada del accidente pero me ha venido una imagen a la cabeza; una policía escribiendo una pequeña nota diciendo mi edad, que he sufrido un accidente de moto y...que estoy embarazada! Esta nota se la entrega a un médico o a alguien de una ambulancia. No puedo creerlo! Estoy embarazada! Habrá sobrevivido el bebé al accidente? Nadie me ha dicho nada al respecto, así que imagino que todo va bien. ¿Pero cuándo me he quedado yo embarazada? No recuerdo nada! Pero si yo siempre he tenido miedo a tener hijos! 

Bueno, no tengo otra opción que esperar que alguien se pronuncie sobre el tema, así que mejor me tranquilizo.

Estos días he visto a mis familiares, a mi prima Silvia, mi primo Jaume (su hermano) con su mujer Patricia, mi tío Met (su padre) con su mujer Tania y mi primo Ismael. No he podido hablar con ellos, ni tan sólo apenas alcanzaba a distinguir sus rostros pero les reconocí por sus voces y sus siluetas. Recuerdo a Silvia diciéndome palabras cariñosas muy cerca de mí y acariciándome, creo que estábamos solas y lloraba pero su amor llegaba a lo más profundo de mi ser. Mi primo Jaume y su mujer, él creo que estaba enfadado con el responsable del accidente y ella me atrevo a decir que también lloraba en silencio. Mi tío Met y su mujer los recuerdo a los pies de mi cama, me pareció notarles incómodos y tristes por la situación, sin saber qué decir o quizás simplemente no les salían las palabras y  fue una visita muy breve, creo que ella no podía aguantar verme en ese estado y tuvieron que salir. Y mi primo Ismael, un caso aparte donde los haya, siempre de buen humor estaba peleándose con la bata verde, no se la podía poner bien dado que él es bastante grandote y alguien tuvo que ayudarle, le vi dar vueltas envolviéndose en la bata. Recuerdo que dijo algo gracioso y me reí por dentro, fue divertido verle en esa situación, era la primera vez que me reía después de todo.


Cada vez que entraba alguno de ellos yo me sorprendía y al mismo tiempo me alegraba de verles allí a pesar de mi atontamiento, mi visión borrosa y sobretodo, de no poder comunicarme con ellos. Siento que les quiero muchísimo y me siento muy agradecida por sus visitas, espero poder hablar con ellos más adelante y decírselo.

También he visto a mi padre y a Ilker, que me ha repetido las palabras que me dijo el otro día un par de veces con la misma seguridad y convencimiento, y yo le creo, él no es consciente de la fuerza que me está dando para salir de allí lo antes posible. Me tiene un poco preocupada porque le veo siempre con el mismo polo a rayas blancas, verdes, amarillas y azules y las mismas bermudas, y lleva barba de algunos días. Creo que no ha ido a casa a ducharse ni a cambiarse, espero que no tarde porque no me gusta verle desaliñado y lo sabe.


Vaya! vienen un par de enfermeras y veo que me están trasteando la barriga pero no siento nada. Oigo que me desabrochan algo, creo que llevo una especie de faja o algo que me la cubre pero no alcanzo a ver puesto que no me puedo mover. Hablan entre ellas pero no sé qué dicen y están un buen rato limpiando y toqueteando. ¿Porqué me miran tanto la barriga? ¿Habrá alguna herida allí? Tendré que ser paciente y esperar, sobretodo necesito saber si estoy embarazada. Empiezo a relajarme y dejo que mis párpados vuelvan a ganar la lucha contra el sueño, menuda tardecita...


Nota: como habréis imaginado, la pared volviéndose negra y la mega pantalla virtual con aplicaciones eran alucinaciones producidas por la medicación. La escena que recuerdo en ese momento de la policía es bastante cierta y lo del embarazo tendrá su explicación más adelante. Las visitas de mis familiares y las enfermeras actuando en mi barriga también son ciertas. Yo seguía en coma inducido pero a ratos estaba despierta y me percataba de lo que ocurría a mi alrededor aunque los demás no lo sabían. Tuve muchas más visitas de otras personas, como la de mi madre o la de Carmen (la pareja de mi padre) pero no las recuerdo porque debía estar dormida, las vi por primera vez más adelante, unos días más tarde.

martes, 12 de enero de 2016

REMORDIMIENTOS

Llevo varios días sin comer ni beber, mi boca está completamente seca y tengo muchísima sed. No siento mis dientes y ya me voy haciendo a la idea que cuando salga de aquí me tendré que dejar una fortuna en el dentista, pues creo que los he perdido en el accidente, prefiero no pensar en ello. Apenas puedo mover la lengua porque tengo un tubo dentro de la boca y estoy conectada a una máscara de oxígeno a todas horas. De hecho el vapor que a veces inunda la habitación creo que viene de la máquina de oxígeno.

Es de noche y estoy sola, la habitación está en penumbra y varios pensamientos me empiezan a invadir. Odio estar sola, y me enfado mucho cuando hace rato que nadie viene a ver cómo estoy, ¿dónde estarán las enfermeras? Me empiezo a desesperar y siento angustia.


Entonces empiezo a acordarme de mi madre y de la dura batalla que libró contra el cáncer. 

Hace años que no nos hablamos, cuando nos veíamos muchas veces terminábamos discutiendo sobre mi hermano y yo me pasaba dos o tres días llorando. La última vez ya fue demasiado fuerte para mí y mi hermano se asustó mucho, decidí no volver a tener más contacto con ella, pero ella tampoco dio ningún paso para volvernos a hablar, hasta el punto que la relación se había congelado por completo. Mi hermano tiene una incapacidad mental, tiene 38 años pero su mente es adolescente, trabaja en un taller especial  que le mantiene ocupado buena parte del día y se gana su sueldo.  Mi madre y yo nunca nos poníamos de acuerdo en los aspectos  que afectan a mi hermano en diferentes ámbitos de su vida  y por eso discutíamos bastante a menudo.

Empiezo a sentirme muy mal y siento una necesidad imperiosa de levantarme. 

Mi madre estuvo ingresada unos meses en el hospital porque su cuerpo se debilitaba mucho con la quimioterapia y se quedaba sin defensas, además tenía una depresión muy grande. Cuando iba a verla estaba casi todo el rato muy triste y negativa, cuando me iba siempre se quedaba llorando y yo me sentía muy mal, salía de allí sin energía y cada vez iba a verla menos, porque antes de que ella enfermara tampoco nos hablábamos, hasta que me llamó para decirme que la ingresaban porque le habían detectado un bulto en el cuello, y me tuve que hacer cargo de mi hermano unos dos meses y medio o tres, no recuerdo bien.

Dios, cómo pude dejarla tan sola... Aunque reconozco que tenía mis motivos para no ir a verla, ahora la entiendo más que nunca. Entiendo perfectamente lo que es la soledad en el hospital y que pasen las horas sin ver a nadie, es desesperante, una de las peores sensaciones del mundo, es como si no le importaras a nadie y entonces todo te da igual. Cómo pude.. Me estoy sintiendo muy mal, muy culpable por haberla dejado tan sola en los peores momentos de su vida. 

No puedo aguantar más, me revuelvo sobre mí misma, no quiero seguir aquí, estoy muy enfadada con el mundo y conmigo misma. Giro la cabeza de un lado a otro con la intención de quitarme ese cacharro de la boca y de repente empiezo a sentir mi cuerpo por primera vez desde el accidente. Me duele el brazo izquierdo, lo debo tener roto porque noto una tensa presión en la mayor parte, como si llevara un fuerte vendaje que me lo comprime.

Al fin consigo quitarme algo de la boca por un momento pero entonces mi respiración se vuelve irregular, creo que he dejado de ir al compás de la máscara de oxígeno.

No sé porqué pero se me empieza a dormir el brazo izquierdo y voy sintiendo cómo los dedos de la mano se me van durmiendo uno por uno. ¿Qué está pasándo? Estoy muy angustiada, quiero llamar a las enfermeras pero no encuentro la manera y tampoco les voy a poder explicar lo que me está pasando, qué impotencia!

Mama por favor perdóname, lo siento estoy muy arrepentida de no haber estado a tu lado cuando más me necesitabas! Soy muy mala persona, lo siento, lo siento, lo siento de verdad...estoy llorando, siento alguna lágrima recorrer mi cara. Yo llevo pocos días aquí, pero tú estuviste meses ingresada... Y yo apenas fui a verte...

Por fin llega la enfermera, me pone bien la máscara de oxígeno y está extrañada de que esté mal colocada. No le puedo explicar que tengo el brazo completamente dormido así que no me queda otro remedio que resignarme y rezar para que se me vuelva a despertar.

Cuando se va, me doy cuenta que he conseguido calmarme de nuevo después de este asfixiante episodio de enfado, tristeza y locura mezclados, y de repente, como un milagro, siento que los dedos de la mano empiezan a despertar de nuevo, poco a poco y uno por uno, hasta que se despierta el brazo entero, menos mal! Vaya susto me había dado.

Voy a ver si puedo mover las piernas, pero no puedo, son demasiado pesadas aunque sí consigo mover los pies. Bueno, después de todo es una magnifica noticia, significa que podré volver a andar de nuevo. Me pongo contenta y muevo los pies de un lado a otro, podré caminar y eso no tiene precio.



Nota: Los horarios de visitas en reanimación eran muy reducidos y por eso me daba la sensación de estar sola bastante tiempo aunque allí estaba vigilada las 24 horas del día.






lunes, 11 de enero de 2016

EL RE-ENAMORAMIENTO

Vuelvo a despertar de nuevo, siendo plenamente consciente que estoy allí porque he tenido un accidente de moto pero no recuerdo nada. Tampoco sé el alcance de mis lesiones físicas puesto que no siento nada y no me puedo mover, aunque pienso que si tuviese algo grave mi padre me lo habría dicho, su mensaje me resultó muy tranquilizador.

Noto que me llevan a algún lugar y oigo varias voces, creo que deben de ser alrededor de las 12 de la noche o más, lo he visto en un reloj que hay colgado en la pared de mi habitación enfrente de mí, aunque a veces me asusta porque va cambiando de forma (de nube, de media luna, de sombrero, etc.) y de color, incluso hay momentos que la pared se me va acercando con cada respiración que hago hasta el punto casi de aplastarme, me pongo muy ansiosa cuando esto ocurre y cierro los ojos para no ver más. También acostumbro a ver la habitación llena de un vapor muy espeso que me impide ver a mi alrededor, esto me entristece mucho porque durante horas no puedo ver a nadie y me siento muy sola.

Oigo voces de mujeres, están de cachondeo y haciéndose bromas entre ellas, son enfermeras. Me desnudan y me lavan de arriba a abajo, yo me muero de la vergüenza porque siempre he sido muy pudorosa para estas cosas. Me enjabonan y me lavan el pelo, me dicen que llevo una semana allí y que lo tienen que hacer. Oigo comentarios sobre mi melena, como es larga y muy abundante les cuesta trabajo el proceso, dicen que allí no hay suavizante ni nada y tardan un buen rato en secarlo, siento frío. Me ponen nerviosa y me siento muy tensa durante ese incómodo rato porque hablan muy alto entre ellas y me molestan, aunque hay una que me trata con dulzura. No entiendo porqué me tienen que lavar a estas horas de la noche.



Es de día y entra una enfermera que me dice que se llama Mireia como yo, es muy guapa como la mayoría del personal que he visto hasta ahora; alta, delgada y con una melena larga perfectamente lisa y castaña que tiene sujeta en una coleta, lleva un uniforme azul. Me cuenta que he tenido un accidente, que estamos en agosto y me pregunta si ya lo sabía, yo asiento con la cabeza pero no sé si lo percibe. La chica me cae fenomenal, es muy alegre y parlanchina y eso me anima, aunque estaré muy pocos días con ella porque se le termina el contrato.


En otro de mis despertares, veo a Ilker a mi lado. Me sonríe cuando me ve, me dice que estoy más guapa que nunca. Él sí que está realmente guapo, hacía mucho tiempo que no le veía así con el pelo cortito como a mí me gusta, bien moreno del verano y recién afeitado.



Empieza a hablarme y no puedo creer lo que oigo, incluso siento el latir de mi corazón;

- ¿Cómo estás amor mío? Yo te veo muy bien - todo el rato con una sonrisa iluminadora de oreja a oreja- Ahora estás aquí pero te pondrás bien, poco a poco, ¿vale? Cuando salgas de aquí ya verás, vamos a ser muy felices, te lo prometo. Yo me he dado cuenta de muchos errores míos y todo será diferente, haremos muchas cosas, viajaremos como a ti te gusta, saldremos por ahí, iremos a comer fuera, a la playa... haremos lo que queramos, y dará igual lo que diga la gente, los que hablan de nosotros se morirán de envidia porque seremos muy felices, pero juntos, eh? (parece que tiene miedo de que le deje, como estuvimos a punto de divorciarnos meses antes, quizá lo dice por eso) Esto le superaremos juntos. Aunque habrán cosas que serán diferentes y nos tendremos que adaptar, ya lo hablaremos (no sé a qué se refiere con eso) pero lo superaremos, tú y yo, ¿vale? (me lo repite varias veces y cada vez está más cerca de mí). No dejaré que nadie se meta entre nosotros, esto lo arreglaremos solos tú y yo. Te quiero mucho, eres la mujer de mi vida y quiero pasar contigo el resto de mi vida, vamos a luchar juntos y todo saldrá bien.- se acerca y me da un beso- Ahora tienes que descansar todo lo que puedas para ponerte bien, ¿de acuerdo? Recuerda, tú y yo.

Dios, nunca le había visto así hablándome de esa manera, con ese convencimiento y esa alegría de que todo irá bien. Le miro a los ojos que le brillan de manera especial, quiero decirle que está muy guapo y que yo también le quiero pero no puedo hablar, me siento tan impotente... Nos quedamos unos instantes mirándonos a los ojos intensamente sin decirnos nada, tengo tantas ganas de abrazarle...



No me ha dado otra opción que confiar en él, le creo al 100% porque nunca le había visto tan convencido de lo nuestro y me ha convencido a mí también. Me aferro a sus palabras como a un clavo ardiendo, y éste es el primer gran impulso que obtengo para salir adelante y luchar, para poder regresar a mi casa lo antes posible y vivir esa vida que me ha prometido.


Nota: todavía estaba en el coma inducido y a pesar de que Ilker creía que yo no me enteraba de nada, seguía el consejo de médicos y enfermeras que le habían dicho que aunque estuviera en coma posiblemente yo podía escuchar. Posteriormente me han dicho que a veces tenía los ojos entre abiertos y efectivamente le estaba viendo, igual que veía a otras personas y a las cosas de mi alrededor aunque un poco distorsionadas.

lunes, 4 de enero de 2016

ATERRIZAJE EN LA REALIDAD

Estoy despierta, no sabría decir si llevo 2 o 5 días en este extraño hospital, lo último que recuerdo de este angustioso sitio son esos dos chiquillos intentando hacerme una higiene bucal.

Estoy muy enfadada, nadie me ha explicado todavía qué hago aquí y siento que mi familia y mi marido se han olvidado de mí por completo. ¿Cómo pueden seguir tan tranquilos con sus vidas? ¿Me echarán de menos? Quizás han pensado que me he fugado de viaje, ya que a veces les decía que tenía ganas de desaparecer del mapa por un tiempo, no se me ocurre otra explicación puesto que si me estuviesen buscando tengo la certeza de que ya me habrían encontrado.

El último recuerdo que tengo es de haber ido con mi marido a Madrid después de una fuerte crisis conyugal a ver el musical del Rey León, fue el regalo que me hizo por cumplir 31 años y creo que estuvimos dos noches en la ciudad, pero algo no me cuadra porque esto fue a principios de junio y diría que han pasado bastantes días. 

Me he recorrido todo el hospital, he dado muchas vueltas pero no he podido encontrar la salida. He visto muchas enfermeras y enfermeros de un lado a otro pero nadie me ha dicho nada y yo no he preguntado porque estoy segura que no me responderán.

Y de repente, no puedo creer lo que ven mis ojos. Aparecen mi padre y mi marido (Ilker) a mi lado (tiemblo al recordarlo, de hecho tiemblo cada vez que escribo en este blog). Les veo muy tranquilos y al principio no me dicen nada, eso me hace enfurecer más, por fin han tenido la dignidad de aparecer pero su silencio me está exasperando, me doy cuenta que no puedo hablarles y no tengo más remedio que esperar a que ellos se decidan a hablarme y me expliquen qué demonios está pasando. Me fijo en su aspecto, los dos van en manga corta y bermudas, mi padre tiene buen color y mi marido está muy moreno y lleva el pelo corto, eso significa que estamos en verano.

Después de unos instantes mi padre me empieza a hablar, pero muy despacio y alzando un poco la voz, quizá piense que no le oigo bien o que estoy inconsciente:

- Hola Mireia! ¿Cómo estás? Yo te veo muy bien, estás muy guapa.- me sonríe de oreja a oreja- Bueno Mireia, no sé si aquí te han dicho algo pero te lo voy a explicar, vale? Mira, has tenido un accidente con la moto hace unos días, el 18 de agosto. Hoy estamos a (no recuerdo qué día me dijo) de agosto. Pero tranquila, que te vas a poner bien, estás en las mejores manos y en el mejor hospital, todo irá bien, ¿vale? 

DIOS MÍO!! ¿¿UN ACCIDENTE DE MOTO?? ¿CUÁNDO?¿CÓMO? ¿DÓNDE?

Uuuufffff, ahora lo entiendo todo! Quiero hacerle muchas preguntas y me revuelvo, entonces me doy cuenta que no puedo hablar porque tengo algo que me cubre buena parte de la cara,  también tengo algo dentro de la boca que me obliga a mantenerla abierta sin poder moverla y siento que mi cuerpo está completamente inmóvil tumbado en una cama, ahora entiendo porqué no podía encontrar la salida del hospital. 

Mi padre me dice que me calme, que tengo que descansar y que no intente hablar. Eso me frustra mucho. Me dice que tengo que hacer caso a todo lo que me digan los médicos, me siento como una niña pequeña.

Mi enfado se evapora en cuestión de segundos y me invade una sensación de tranquilidad absoluta, ahora ya sé que no me han secuestrado y que estoy en buenas manos, al fin sé lo que ocurre y decido tomármelo con calma, esto tiene pinta de ir para largo y es mejor tener una buena actitud para salir de allí lo antes posible.

Tal es mi estado de alivio, que de nuevo me dejo llevar por el peso de mis párpados contra los que llevo días luchando pero siempre me ganan la batalla.


Nota: los primeros días en el hospital tuve una amnesia retrógrada (no podía recordar los sucesos ocurridos antes del accidente, mis últimos recuerdos eran de principios de junio y tenía una laguna mental desde esa fecha hasta que desperté por primera vez en el hospital). 
Durante los hechos ocurridos hasta ahora, yo estaba en un coma inducido que duró 13 días y todos pensaban que  no podía ver ni oír nada, cosa que no fue así.
La sensación de haberme recorrido todo el hospital andando era derivada del efecto de los sedantes, lógicamente estaba postrada en la cama.

lunes, 28 de diciembre de 2015

EL CAUTIVERIO II

Aunque no consigo distinguirlas, oigo voces familiares a mi alrededor. No sé cuánto tiempo ha pasado desde que cerré los ojos por última vez, pero por lo menos ya no estoy en esa horrible posición y no siento nada.

Intento abrir los ojos pero los párpados me pesan una barbaridad, aún así hago un sobre esfuerzo para intentar averiguar lo que ocurre a mi alrededor. No puedo hablar y estoy muy atontada, creo que estoy tumbada en una cama y me parece distinguir una silueta enfrente de mí, a la altura de mis pies. Intento por todos los medios forzar la vista pero veo borroso, y la persona que está ahí mirándome va ataviada con una especie de bata grande que no es blanca y me dificulta ver su ropa. Consigo discernir su figura, es una chica alta y delgada y me es muy familiar, creo que podría ser mi amiga Laia de Barcelona o mi amiga Aïda que vive en Tarragona. Quiero acercarme para hablar y preguntarle dónde estoy y porqué estoy allí pero no me puedo mover. Grito suplicando que se acerque a mí pero no me oye y me desespero, la impotencia se apodera de mí.

De repente siento que ya no puedo luchar contra la fuerza que ejercen mis párpados y vuelve de nuevo la oscuridad.


Alguien me despierta y no sé cuánto tiempo llevo durmiendo. 

Frente a mí hay un chico y una chica muy jóvenes, me parecen casi niños. Sus caras están muy cerca de la mía y me están hablando, ambos llevan batas blancas y deduzco que sigo en el mismo hospital en el que me han secuestrado. Tendré que obedecer a todo lo que me digan ya que ellos tienen la sartén por el mango y pueden hacer conmigo lo que quieran. 

Dios mío, creo que me van a matar, están experimentando conmigo y no recuerdo dónde me secuestraron. Tengo miles de preguntas que hacerles pero no puedo hablar, pocas veces me he sentido tan impotente en mi vida y tengo mucho miedo. Voy perdiendo la esperanza de que mi familia y mi marido me puedan encontrar y rescatarme de este lugar en el cual todo parece perfecto y limpio, y en el que las personas que he visto hasta ahora pululando a mi alrededor parecen sacados de una peligrosa secta que elige a sus integrantes muy jóvenes y bellos/as y todos simulan una situación de absoluta normalidad.

Me dicen que me van a lavar los dientes, hablan muy pausadamente pero con un tono alto de voz y vocalizando. Dicen que me van a poner un líquido en la boca que no tengo que tragar, me cepillarán los dientes y a continuación tengo que echar el líquido en una palangana. 

Cuando me introducen el líquido, me piden que abra la boca para cepillarme, pero no aguanto ni dos segundos, empiezo a atragantarme y me lo echo todo por encima. Veo sus caras de desaprobación (¿o preocupación? No sabría decir) y pienso que he metido la pata hasta el fondo, espero no provocar su ira. Llaman a alguien avisando que me tienen que cambiar la ropa y de repente vuelvo a ceder ante la presión que ejercen mis párpados.


Nota: más adelante descubrí que mi atontamiento era debido a la cantidad de droga que me ponían junto al suero y la medicación, que me provocaba alucinaciones como la de la extraña postura en la que estuve los dos primeros días de ingreso. La silueta era mi amiga Aïda y la bata que llevaba era verde, pues todas las personas que entraban a verme tenían que ponérsela antes de entrar, primero en Reanimación y posteriormente también en la UCI.

domingo, 20 de diciembre de 2015

EL CAUTIVERIO


Me despierto y me veo en el medio del pasillo de un hospital, de pie pero completamente doblada, las puntas de mis dedos casi tocan el suelo y me sostengo gracias a una especie de barra de hierro con un pie en la cual tengo mi barriga completamente apoyada. No sé qué hago aquí ni porqué estoy boca abajo, todo esto es muy extraño.
Veo mucha gente pasar, enfermeras y médicos que me miran y van de un lado a otro, todos jóvenes y guapos/as. Les oigo hablar entre ellos pero no sé qué dicen. 

Se va haciendo de noche y yo les pido auxilio porque no me puedo mover, estoy totalmente inmovilizada y no sé porqué pero nadie me hace caso. Me desespero, nadie viene a ayudarme a salir de allí, yo grito pero no me oyen y cada vez hay menos personas que van desapareciendo detrás de una puerta, hasta que se cierne la oscuridad sobre mí.
Me paso en la misma posición dos días y noches enteras, empiezo a pensar que me han secuestrado y me vengo abajo puesto que no conozco a nadie y nadie sabe que estoy allí. ¿Cuándo vendrán a rescatarme? 
Se me agotan las fuerzas, tengo hambre y sed, mi mente se vuelve difusa y estoy como atontada, y no sé cómo pero, finalmente cierro los ojos y consigo descansar.